La piel morena y color chocolate de un oscuro indio, mezclado de sudor y bañado de alegría, sudor sangriento de una madrugada con café y pan, en el medio de la nada tratando de esperar el alguien del mañana, con cara de tristeza sentada en la mesa, pensando en el mañana para encontrar su galán, hermosa dama, aterrorizada por no tener nada que la haga ver la belleza, de un hombre encantador que no le importe la apariencia. Ella sonriente desde afuera y llorando desde adentro, no había nadie que la quisiera por su mal comportamiento, indeseable y furiosa pero con ganas de que la amaran, con deseo de un hombre que le entregara todo el amor, la pasión y los sentimientos que solo leía en las novelas, cuales leía cada día haciéndola llorar de envidia.
Era la soledad que la hacía furiosa y con odio, era el deseo y la pasión que solo sus manos la habían sentido, que solo su mente la había disfrutado, que solo su alma sentía sus propias ganas cual ningún hombre le había hecho sentir.
Ella quería volver hacerlo con él, derrochar sus placeres y entregarse a su cuerpo, hacerlo por ultima ves pero disfrutarlo para siempre, tenerlo y olvidando el fracaso y el pasado indeseable de una historia maldita llena de odio, que la habían dejado en la soledad, que le habían maltratado su cuerpo, pero que se disfruto con todo el corazón y se desbarato con toda la furia del placer.
Ella sola sentada, solo esperaba, pensando en el mañana, porque había olvidado el ayer.



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