El sonido
del violín eterno de tus ganas, la sonrisa del más allá para sonreír, que simplemente muestra el pensar de tu memoria.
Fue el querer de palabras que enmarcó la
ternura, que disfrazó lo salvaje, que recordó el silencio y descifró el sonido armónico
de tu instrumento. Encantando las bestias, de lado a lado, de fuerza a fuerza,
adiestrando el engaño, enseñando el placer, descubriendo la calma de un deseo feroz
que puede devorar hasta la más simple y hermosa ternura, aquella que oculta el desgarrador y provocador engaño
de feroces con ansias de carne.


