7 de mayo de 2012

Encantando las bestias




El sonido del violín eterno de tus ganas, la sonrisa del más allá para sonreír, que  simplemente muestra el pensar de tu memoria.

 Fue el querer de palabras que enmarcó la ternura, que disfrazó lo salvaje, que recordó el silencio y descifró el sonido armónico de tu instrumento. Encantando las bestias, de lado a lado, de fuerza a fuerza, adiestrando el engaño, enseñando el placer, descubriendo la calma de un deseo feroz que puede devorar hasta la más simple y hermosa ternura, aquella  que oculta el desgarrador y provocador engaño de feroces  con  ansias  de carne.